23 de septiembre de 2012

La tempestad

<<Microrrelato erótico>>




X
Le seguí. No sé por qué estaba tan nerviosa, sólo me iba a dar unos papeles, pero estaba alterada. Cuarto piso. Me mira de reojo y sonríe, pero ¿qué significa esto? Realmente nada, es imposible. Sonrío, ¿por qué me como tanto la cabeza? Sé por qué, pero evito pensarlo. Primer piso, una puerta, entramos, otra puerta y entro en su despacho.
Rodea la mesa, se sienta en su escritorio:
A ver si lo encuentro -me sonríe, sólo querrá ser cordial, es imposible…

Me tiende tres hojas grapadas, tiene unas manos preciosas, se le marcan las venas sólo lo justo, sus dedos son largos… ¡para!, esto no está bien. Le sonrío, me mira.
¿Y qué tengo que hacer? —Le miro a los ojos, son negros detrás de sus gafas sin pasta.
Transcribirlo, pásamelo a Word y luego ya te diré ¿de acuerdo? Me sonríe, está pendiente de mí, se levanta de la silla para bordear la mesa y quedarse apoyado sobre ella.
Vale. —Asiento, estoy totalmente aturdida, ha ido a más estas ultimas semanas—. Bueno, que pases buen fin de semana.
Gracias. —Parece que todo esto le divierte, se incorpora y me acompaña hasta la puerta, le siento detrás de mí.
Me giro, le miro, no, no puedo, bajo la cabeza mientras estiro el brazo para abrir la puerta; pero está tan próximo… ¿y si...? No.
Sujeto el picaporte, vuelvo la cabeza y le beso, le beso apresuradamente, con miedo, esto no está bien, para mi sorpresa él no se quita, me devuelve el beso, me aparto despacio, le miro.
Lo siento, yo…- me muerdo el labio inferior, ¿qué puedo decir?
Pero él me responde con otro beso, ahora nuestras lenguas sí se cruzan, y se acelera nuestra respiración; me sujeto a su cuello, mientras él me agarra por la cintura y matamos el pequeño espacio que quedaba entre nosotros.
Le siento, se está excitando, y yo…yo ya ni pienso.

Y
La tengo entre mis manos, acaricio su pelo, su cintura…La atraigo hacia la mesa, sin soltarla, sin dejar de besarnos, nos miramos un instante, apasionados sabiendo que si seguimos ya no nos detendremos, y la beso el cuello, precioso, joven, ella se deja hacer mientras se asía a mí con fuerza. Ya estoy totalmente excitado. Ella lo ha notado, y le ha gustado. Me sonríe, me mira insinuante, es muy sexy, y lo sabe.
Me besa en la boca, pero no me deja entrar en la suya, me lame los labios, despacio, las comisuras, me besa la barbilla, mi nuez, y me empieza a desabrochar la camisa, no aguanto, la aprieto contra mi, ella sonríe ha surtido efecto todo lo que ha hecho. La cojo y ahora es ella la que está contra la mesa, la siento encima.
Comienzo a quitarle las botas, tiene unas piernas preciosas, me mira divertida, ya no hay dudas… Le quito las medias, está muy suave. No me deja continuar, me rodea con sus piernas y me besa ferozmente, la sigo agarrando su pelo, sus rizos…
Seguro que te has imaginado esto muchas veces me dice en mi oído.
No puedo responder, vuelve a meter su lengua en mi boca, su saliva caliente, su lengua juguetona…

X
Me bajo de la mesa, y le apoyo a él contra ella, ya no tengo miedo, ya no pienso, sólo siento. Le quito el cinturón, siento su sexo… Le miro, sólo por hacerle sufrir un poco, ese sufrimiento tan placentero. Le desbrocho el botón y le bajo la cremallera. Le acaricio por fuera, está dura, muy dura y sonrió, no puedo evitarlo, me siento poderosa. Le bajo los calzoncillos, dejándole libre, lo acaricio, es perfecto, buen grosor, me río para mí ¿cómo puedo pensar eso? Le beso, sin soltarle, y empieza a costarle respirar. Sigo bajando, y beso su sexo, mientras mi legua sale sola de mi boca, me encanta y a él… chupo y me la meto en la boca, con un ritmo suave, no quiero acabar, se pone muy nervioso, y yo me excito con él. Me coge del pelo, me mira.
¡Para!

Y
No puedo más. No la doy tiempo a reaccionar, la siento de nuevo sobre la mesa. Está preciosa con el pelo revuelto. La desabrocho los botones de su vestido, se lo dejo por los hombros y la quito el tirante del sujetador, marrón de encaje, esto debería estar prohibido…Le muerdo el hombro y llego hasta su pecho, me lo meto en la boca, juego con su pezón y lo siento duro entre mi lengua. Se ríe, excitada. Me acaricia el pelo y me atrae hasta ella para besarme, sin dejar de acariciarme. Me aparto un poco, no aguanto. Le rozo los muslos, llegando hasta el fino hilo de sus braguitas, marrones a juego, me detengo un segundo a contemplar ese vientre plano ese tanga medio transparente, y en lo que pasará cuando se lo quite. Lo voy deslizando poco a poco, hasta que queda tirado en el suelo, ya no hay obstáculos. La obligo a que apoye la espalda en la mesa, para descansar y deleitarme con su cuerpo. La acaricio los pechos, y bajo por su cintura y sus caderas… me mareo en sus curvas. La acaricio las ingles para acabar deslizándome por su sexo, húmedo, excitado, hinchado. Ella gime y mi mareo se acentúa. Introduzco un dedo en ella, y vuelve a gemir, la acaricio por fuera todos los pliegues con cuidado llego al clítoris y jugueteo. Y se abre más a mí. Tres dedos, mientras sigo haciendo círculos con la otra mano, está muy excitada, la cuesta respirar… Se incorpora y me mira suplicante.
¡Házmelo!

X
Me devuelve la mirada, sonríe, me tiene entre sus manos, soy suya, estoy totalmente ida. Y se introduce en mí, vuelvo apoyar la espalda en la mesa… No puedo. Le noto en todas mis paredes, hasta el final. Me contraigo y gime conmigo, le ha gustado. Me levanto y me agarro a él, el ritmo aumenta más y más y pierdo el control de mi cuerpo, de mis piernas, de los dedos de mis pies, aumenta el ritmo más… y nos vamos juntos. Me quedo agarrada a él, recuperando la respiración, estoy empapada… le beso dulcemente. Sale de mí, tomo el control poco a poco de mi cuerpo y de mis pensamientos, menos mal que sigo tomando la pastilla… Me mira, me da las braguitas, me bajo de la mesa. Nos vestimos los dos en silencio, sin prisa después de la tempestad.
Muchas gracias. —Le doy un beso de despedida y me voy, ¿qué le agradezco el orgasmo o el trabajo?
Me mira con dulzura, sin decir nada. Y salgo del despacho, como de vuelta a la realidad. Camino por la facultad sin saber a donde me dirijo, al metro o a mi vida. Y sin dejar de pensar en él me peino un poco y salgo a la calle, después de todo le volveré a ver el jueves en clase.

(Publicado en la Cosmopolitan de septiembre 2009)

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